Escalera hacia el cielo.

Escrito por ElBlogDeMercury 24-06-2014 en Aportacionpersonal. Comentarios (0)

Iba en bus, contemplando las nubes a través de la ventana. Estaba cansada, venía de trabajar un duro fin de semana en un cortijo de mala muerte de un señorito que le pagaba dos miserias. Iba con su hijo al lado. Tenía las manos callosas. Se le cerraban los ojos. Era media tarde, el cielo estaba azul invadido por nubes blancas que hacía desencadenar a la imaginación para imaginar miles de formas posibles. Nubes blancas y parecían espesas como el algodón de azúcar. Mientras iba de camino a casa con su hijo pequeño en aquel bus, vio por la ventana en el cielo una pestaña que parecía despegada y que daba a un fondo oscuro. Ella, perpleja, se incorporó en el asiento y se quedó mirando al cielo fijamente. "¡El cielo se ha roto!" pensaba ella. Un pliegue caía y provocaba el deseo de tirar, al igual que la tapa de un yogur a medio abrir. Sin embargo, al cabo de un rato, ese pliegue desapareció. Miró su reloj y pensó algo tan absurdo como el de volver un día e intentar averiguar qué era eso. Podría descubrirlo y hacerse lo suficientemente famosa para obtener unos ingresos y dejar esa mala vida de trabajos cansados. Al día siguiente, cogió su vehículo personal y se acercó a la zona. De nuevo, atendiendo a la hora del reloj que le marcaba el día anterior, apareció de nuevo el pliegue. Saltaba, pero era imposible alcanzarlo. Pensó en comprar una escalera y al día siguiente la trajo. Pero nada, no llegaba, era demasiado alto. La ilusión que le había invadido de descubrir qué era eso, la hizo acampar en la zona y comenzar a unir maderas para conseguir una escalera lo suficientemente alta para llegar al pliegue. Pasaron los días, tanto los lluviosos como los soleados, pasaron los meses y ella seguía en su trabajo. Su hijo ahora vivía con sus abuelos mientras ella, enajenada, seguía golpeando y uniendo madera. La gente del pueblo la tomaron como una loca y comenzaban a hacerse famosa en la localidad. Sin embargo, un día, varias personas se acercaron y ella, para hacer ver su cordura, señaló al pliegue y ahí estaba. La gente se asombró y al día siguiente llegaron más personas. Al cabo de un mes, todo el pueblo se había unido para hacer una escalera gigante. Era un pueblo de paso, un pueblo de trabajadores. Todos estaban ilusionados. Tanto como cuando llegaba la navidad y el sorteo que les podría llevar hacia una nueva vida. Después de 6 meses, la escalera estaba lista. El pueblo había preparado un festejo, globos, bebida y comida. Era un día para celebrar, por fin podrían saber qué había detrás de ese pliegue. Algunos decían que sería el fin del mundo, otros que la ignorancia se había implantado en el pueblo y que nadie estaba cuerdo. Al final, la muchacha decidió subir, tardó varias horas. Fatigada, pero proseguía en su deseos de seguir subiendo. Al final, llegó al pliegue. Miró hacia el suelo y se mareó. Veía a los aviones pasar a su altura. Ella iba con botellas de oxígeno. Comenzó a pensar en su hijo, en el descubrimiento y en el fin de esa vida. Al fin, tiró del pliegue y vio a unos señores riéndose de ella, ataviados con trajes de gala, puros y copas de coñac. Era horroroso. Eran señores en una mesa con la cara desfigurada y miles de millones de tacos de billetes y montañas de monedas. Cuando la mujer intentó entrar, esos señores la empujaron y ella cayó hacia el vacío, con sus ilusiones acabadas y con la muerte de su lado. 


Pasaron los años y el pliegue volvió a desplegarse. Ahora, un chico con la misma ilusión. Cayó muerto también. Pero un día, el pueblo entero decidió subir por la escalera y acabaron con esos hombres monstruosos. Aunque el pueblo se quedó desierto, pues al entrar en el pliegue, éste se cerró para siempre.