El blog de Mercury

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Escalera hacia el cielo.

Escrito por ElBlogDeMercury 24-06-2014 en Aportacionpersonal. Comentarios (0)

Iba en bus, contemplando las nubes a través de la ventana. Estaba cansada, venía de trabajar un duro fin de semana en un cortijo de mala muerte de un señorito que le pagaba dos miserias. Iba con su hijo al lado. Tenía las manos callosas. Se le cerraban los ojos. Era media tarde, el cielo estaba azul invadido por nubes blancas que hacía desencadenar a la imaginación para imaginar miles de formas posibles. Nubes blancas y parecían espesas como el algodón de azúcar. Mientras iba de camino a casa con su hijo pequeño en aquel bus, vio por la ventana en el cielo una pestaña que parecía despegada y que daba a un fondo oscuro. Ella, perpleja, se incorporó en el asiento y se quedó mirando al cielo fijamente. "¡El cielo se ha roto!" pensaba ella. Un pliegue caía y provocaba el deseo de tirar, al igual que la tapa de un yogur a medio abrir. Sin embargo, al cabo de un rato, ese pliegue desapareció. Miró su reloj y pensó algo tan absurdo como el de volver un día e intentar averiguar qué era eso. Podría descubrirlo y hacerse lo suficientemente famosa para obtener unos ingresos y dejar esa mala vida de trabajos cansados. Al día siguiente, cogió su vehículo personal y se acercó a la zona. De nuevo, atendiendo a la hora del reloj que le marcaba el día anterior, apareció de nuevo el pliegue. Saltaba, pero era imposible alcanzarlo. Pensó en comprar una escalera y al día siguiente la trajo. Pero nada, no llegaba, era demasiado alto. La ilusión que le había invadido de descubrir qué era eso, la hizo acampar en la zona y comenzar a unir maderas para conseguir una escalera lo suficientemente alta para llegar al pliegue. Pasaron los días, tanto los lluviosos como los soleados, pasaron los meses y ella seguía en su trabajo. Su hijo ahora vivía con sus abuelos mientras ella, enajenada, seguía golpeando y uniendo madera. La gente del pueblo la tomaron como una loca y comenzaban a hacerse famosa en la localidad. Sin embargo, un día, varias personas se acercaron y ella, para hacer ver su cordura, señaló al pliegue y ahí estaba. La gente se asombró y al día siguiente llegaron más personas. Al cabo de un mes, todo el pueblo se había unido para hacer una escalera gigante. Era un pueblo de paso, un pueblo de trabajadores. Todos estaban ilusionados. Tanto como cuando llegaba la navidad y el sorteo que les podría llevar hacia una nueva vida. Después de 6 meses, la escalera estaba lista. El pueblo había preparado un festejo, globos, bebida y comida. Era un día para celebrar, por fin podrían saber qué había detrás de ese pliegue. Algunos decían que sería el fin del mundo, otros que la ignorancia se había implantado en el pueblo y que nadie estaba cuerdo. Al final, la muchacha decidió subir, tardó varias horas. Fatigada, pero proseguía en su deseos de seguir subiendo. Al final, llegó al pliegue. Miró hacia el suelo y se mareó. Veía a los aviones pasar a su altura. Ella iba con botellas de oxígeno. Comenzó a pensar en su hijo, en el descubrimiento y en el fin de esa vida. Al fin, tiró del pliegue y vio a unos señores riéndose de ella, ataviados con trajes de gala, puros y copas de coñac. Era horroroso. Eran señores en una mesa con la cara desfigurada y miles de millones de tacos de billetes y montañas de monedas. Cuando la mujer intentó entrar, esos señores la empujaron y ella cayó hacia el vacío, con sus ilusiones acabadas y con la muerte de su lado. 


Pasaron los años y el pliegue volvió a desplegarse. Ahora, un chico con la misma ilusión. Cayó muerto también. Pero un día, el pueblo entero decidió subir por la escalera y acabaron con esos hombres monstruosos. Aunque el pueblo se quedó desierto, pues al entrar en el pliegue, éste se cerró para siempre. 


La cuestión nacional andaluza.

Escrito por ElBlogDeMercury 11-06-2014 en Aportacionpersonal. Comentarios (0)

Podemos hablar del movimiento nacional andaluz en el siglo XX. Pese a la idea de unidad popular del pueblo andaluz desde la conformación e implantación del sistema capitalista de producción y su consiguiente desarrollo cultural y de identidad andaluza, no es hasta el siglo XX, cuando Blas Infante, el padre de la patria andaluza, recoge todo este sentimiento popular andaluz en distintos escritos (http://maa.centrodeestudiosandaluces.es/index.php?mod=blas-infante&tag=obra-de-blas-infante) donde resalta nuestra bandera, nuestro himno, nuestra unidad cultural y popular, nuestros mismos problemas con la tierra y nuestra falta de industria. Tras el asesinato de Blas Infante por los fascistas y la implantación del franquismo, en Andalucía se vive una oleada de represión de grandes magnitudes. Afortunadamente, en Andalucía siempre ha habido un sentimiento natural hacia la izquierda. Esto, más la resistencia antifascista de muchas provincias de Andalucía en la Guerra Civil, junto a las denuncias entre sí, las acusaciones por "rojos", etc, etc, como en todo el Estado Español, supuso el asesinato de miles de personas y la implantación de campos de trabajo forzosos por toda Andalucía. Más de 200 se estiman. Franco se dedicó a mantener en Andalucía todo el trabajo que había hecho la burguesía hasta entonces: mantener la tierra a varias familias y la no industrialización. Esto llevó indudablemente al conocido caso del éxodo andaluz a otras tierras como Catalunya o Euskal Herria, así como a otros países europeos donde buscar trabajo. 

Ya se sabe que cuando la represión es un hecho, la libertad es un deseo. Para la clase obrera andaluza, expulsada por el hambre de su tierra, reprimida por sus ideales, la libertad se hallaba en sí mismos, es decir, en el pueblo andaluz y su propio destino. Todo este sentimiento de unidad popular andaluz se ve in crescendo durante todos los años 60 y 70. Curiosamente, en esta época, el Estado Español se dedica a arrebatar, como siempre, la cultura andaluza para hacerla español. Esto lo podemos comprobar en el cine, en la propia música donde el flamenco, las sevillanas, la guitarra andaluza, incluso los escenarios andaluces son españolizados en todas sus películas y canciones. Franco tuvo devoción por españolizar el flamenco. Todo este "boom" de la cultura andaluza españolizada implica aun más la necesidad popular y andaluza de liberarse para así tener marcado su propio futuro. Tras la muerte de Franco y la llegada de las Autonomías, el Estado Español se plantea seriamente dónde colocar en Andalucía. Se pensó en meterla en Castilla, en dividirla en dos como antaño, en negarle su propia autonomía. Por eso, el 4 de diciembre de 1977, el pueblo andaluz de todas las provincias, ciudades, pueblos, aldeas, se reúnen bajo las banderas andaluzas para reclamar su autonomía. Este gran movimiento popular fue realmente una semilla nacional, pues la unidad popular andaluza ante sus exigencias de autonomía suponen un deseo del pueblo andaluz por decidir su futuro. En esa época, las autonomías estaban vistas de otra forma totalmente distintas a lo que conocemos hoy. Cuando se hablaba de autonomía, para el pueblo andaluz significa autogobierno, decisiones propias. Más de dos millones de andaluces y andaluzas salieron a la calle a reclamar su propia soberania, una semilla nacionalista. Lamentablemente, los oportunistas y traidores del PCE y el PSOE hicieron bien su trabajo, pues a los días siguientes, pese a las exigencias del pueblo andaluz por su autonomía y sus deseos de volver a salir a las calles, estos oportunistas se dedicaron a pedir que no saliesen, alegando que la autonomía con ese acto estaba conseguido. Recordamos que Manuel José García Caparrós fue disparado y herido de muerte por parte de la policía el 4 de diciembre en Málaga mientras intentaba cambiar la rojigualda por la bandera andaluza de la Diputación de Málaga. 

Como buenos oportunistas y populistas, el PSOE consiguió llegar al poder e incumplir todos sus puntos acerca de la autonomía andaluza. Recordemos: "el Manifiesto andalucista de Córdoba describió a Andalucía como realidad nacional en 1919, cuyo espíritu los andaluces encauzaron plenamente a través del proceso de autogobierno recogido en nuestra Carta Magna. En 1978 los andaluces dieron un amplio respaldo al consenso constitucional. Hoy, la Constitución, en su artículo 2, reconoce a Andalucía como una nacionalidad en el marco de la unidad indisoluble de la nación española."

A día de hoy, Andalucía sigue en la misma situación. Una situación económica propia de una colonia, basada en la expropiación, explotación y extracción de materia prima. Con una juventud que debe emigrar, otro éxodo juvenil. Con más del 38% de paro. Las tierras siguen siendo de pocas familias. 

Con respecto al tema cultural, el trabajo del Estado Español es impecable. En la cadena pública de "Canal Sur", se habla un "mejor" castellano que el de Valladolid. Las banderas españolas inundan nuestras calles como otra estrategia política del Estado Español de seguir adoctrinando, incitando a las instituciones de educación, en obligar a enseñarles a lxs estudiantes que el andaluz es mal hablado. Nuestra cultura sigue siendo españolizada, nuestra historia le sirve de motor histórico a la falsa nación española. El flamenco, patrimonio de la humanidad, es español. ¡Y yo con estos pelos! La guitarra que ya he mencionado antes, resulta que es española y no andaluza. En Andalucía parece que no ocurre nada. Solo hay prensa rosa o crónica negra. Se oculta todos los problemas reales que nos suceden. Es una política de silencio, de introducción del españolismo a la fuerza propia de su imperialismo y de sometimiento del pueblo andaluz, que parece olvidar su pasado rebelde. Nuestra artesania y artesanxs, nuestrxs escritorxs, músicxs, pinturxs, demás artistas, licenciadxs e ilustres son españolizados. Y lo peor de todo es que para tener un reconocimiento deben de emigrar de Andalucía. Nuestra cultura va más allá de las fiestas populares que se emiten en los medios, que al parecer en Andalucía solo hay festividad. La idiosincrasia andaluza conforma toda una estructura que define a nuestro pueblo andaluz. ¡Pero ya se sabe, para el Estado Español, todo lo bueno de Andalucía es español y todo lo malo es andaluz! 

Como toda semilla, este movimiento popular y nacionalista andaluz cada vez tiene más fuerza. Nuestra clase obrera comienza a mirar más allá del gobierno andaluz y se da cuenta de que su miseria viene de arriba, tanto como de clase, como de Estado. Parece que en Andalucía solo hay vagos y analfabetos, sin embargo, nuestra economía colonial de extracción supone para Andalucía una de las mayores exportadoras de alimentos y materias primas, aunque nunca son consumidas en nuestras tierras, sino procesadas en las industrias del norte y llevadas por toda Europa y el mundo. En el aspecto militar, Andalucía es uno de los lugares que más carne de cañón ofrece, esto es la juventud que se introduce en el Ejército y en la Policía. Además, Andalucía tiene bases militares estadounidenses y españolas (Rota y Morón) que nos utiliza como lugar geoestratégico para sus fines imperialistas. 

Por supuesto, Andalucía no es comparable con todo el movimiento vasco o catalán, pues tampoco tiene una burguesía nacionalista que responda a estos intereses ni se les de voz. El movimiento andaluz, pese a que ya en la primera república española se hiciera un proyecto de Constitución (Constitución de Antequera de 1883) por parte de la pequeña-burguesía andaluza con el fin de dar un autogobierno andaluz, no ha conseguido tener la voz que movimientos como el catalán o el vasco. Esto es lógico, pues como he dicho, no hay una burguesía nacionalista interesada, ni tampoco ha habido un margen de resistencia tan grande como allí, siendo adoctrinado el pueblo andaluz bajo el españolismo. Como materialistas dialécticos nos queda decir que el trabajo de organización y concienciación de la clase obrera por su liberación, tanto como de clase como de nación, va caminando hacia un futuro esperanzador que esperemos que nos otorgue nuestra Primera República Andaluza de Trabajadores y Trabajadoras. 

Texto recomendado: "Una aportación a la cuestión nacional andaluza" > http://creandopueblo.files.wordpress.com/2011/09/unaaportacionalacuestionnacionaldeandalucia.pdf

La bandera blanca y verde vuelve tras siglo de guerra,

a decir paz y esperanza bajo el sol de nuestra tierra, 

andaluces/zas levantaos/ad, pedid tierra y libertad,

sea por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad. 


Lxs andaluces/zas queremos volver a ser lo que fuimos,

hombres/mujeres/gentes de luz que a lxs hombres/mujeres/gentes,

alma de hombres/mujeres/gentes les dimos. 

Andaluces/zas levantaos/ad, pedid tierra y libertad,

sea por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad.



Obesidad y clase obrera.

Escrito por ElBlogDeMercury 11-06-2014 en Aportacionpersonal. Comentarios (0)

Si os digo que os imaginéis a un proletario, a un miembro o miembra de la clase obrera, ¿cómo os la imagináis físicamente? ¿Vestís a ese personaje con una gorra marrón, con ropa del siglo XIX, con la cara manchada de negro por la fábrica o por la mina, os lo imagináis hombre, mujer o niño? Y si tomáis la figura del siglo XIX. Un hombre barbudo, cansado, sudado y manchado, vestido con un traje marrón y sucio. Pero, ¿cómo os la imagináis físicamente? Si, ¿alta, baja? Y lo más importante, ¿la imagináis obesa? Seguramente no. 

La clase obrera se ha caracterizado estéticamente de muchas formas a lo largo de tiempo, en muchos entornos y trabajos, pero siempre se ha relacionado al hambre, por tanto, a la delgadez. El hambre siempre está presente en la clase obrera, ya sea por falta de alimentos o por falta de dinero a fin de mes, que viniendo al caso, es lo mismo. Esta relación de hambruna con la fisiología de un o una obrera te lleva irremediablemente a pensar en alguien delgado. Bien, lógicamente, para esto te transportas a tiempos pasados. 

Sin embargo, a día de hoy, la clase obrera ya no se caracteriza ni estéticamente ni fisiologicamente de una forma concreta, sino que varía según el trabajo. Así como también el escenario cambia y la tecnología. Pese a estos cambios, la clase obrera sigue cobrando de forma misera para mal sobrevivir a fin de mes. Si volvemos al siglo XIX, el burgués es caracterizado como un hombre o mujer obesa que toman manjares en sus gigantes mansiones, en fiestas, disfrutando de la comida que les sobra por todos lados, mientras que por la ventana se refleja a la clase obrera muriéndose de hambre. 

Hoy día, según los datos que nos ofrecen, hay problemas de obesidad que van ligados directamente a la clase obrera. La clase asalariada a día de hoy sufre de obesidad. Sin embargo, la burguesía se cuida, hace deporte, come sano, está en forma, generalmente. Esto es una generalización. Sirve para explicar el tema. Como digo, nos encontramos a día de hoy una clase obrera que sufre problemas de obesidad y una burguesía que se preocupa mucho por su estado físico. 

¿Es que ahora la clase obrera es la que disfruta de los manjares en sus mansiones mientras que la burguesía se muere de hambre? ¿O es que ahora la clase obrera obtiene tanto dinero que se permite el lujo de comer todo el día y por eso tienen los problemas de obesidad? 

La respuesta claramente es no. La clase obrera sigue atada a su cárcel burguesa, obteniendo un salario para sobrevivir. Imaginad, la clase obrera tiene problemas de obesidad por culpa de la clase burguesa. Si, efectivamente. 

La clase burguesa, observando las penurias de la clase obrera, su alienamiento, su estrés, su falta de motivación, su falta de recursos económicos, dieron salida a los establecimientos de comida rápida. La comida rápida significa precios bajos, significa olvidarse de cocinar tras un día de trabajo duro. Es por ello que la clase, alienada de su trabajo, no desean cuidarse, no son felices, no tienen motivación por ella. El estrés provoca un amor hacia la comida innecesario, comida insana, comida rápida. La burguesía lo sabe y por eso cada día hay más establecimientos de comida rápida. Las ofertas son para la clase obrera como el queso de la trampa del ratón. La clase obrera va en masa por las noches, al mediodía, a gastarse su poco dinero en los precios "populares" que ofrecen esta comida insana. Mientras tanto, la burguesía prefiere gastarse el día de trabajo de la clase obrera en un plato, del que ahora llaman cocina moderna y que no llena un plato de postre, pero que además de poco contenido, es sana. 

Si sumamos el consumo de comida rápida a la obesidad y la obesidad a un deseo de la clase obrera por bajar de peso, nos sale como resultados las dietas. Las dietas caras, los establecimientos dedicados a ilusionar a la clase obrera con productos milagrosos. La clase burguesa constantemente ilusiona a la obrera con utopías. 

También tenemos que señalar la obesidad infantil. La obesidad infantil también se da en la clase obrera con altos niveles. También viene derivado de las acciones de sus padres, es decir, de la alimentación insana. Que en los niños se traduce en la industria de las chucherías, bolsas de patatas fritas, productos con grandes contenidos de azúcares, harina, fritura... Esto, más una falta de motivación por hacer deporte, que es sustituido por el consumismo, por la tecnología y la falta económica de los padres para apuntar a sus hijxs en centros deportivos, de ocio, que se conocen comúnmente como las horas "extraescolares", llevan a una obesidad infantil cada vez más alta entre la clase obrera. 

Podemos decir para acabar y resumir, que la clase obrera ha pasado de tener una imagen delgaducha a tener una imagen obesa, no por sus festines, sino por la propia explotación del burgués que los convierte en seres alienados que buscan satisfacer su alimentación con comida rápida, es decir, comida que no conlleva una difícil elaboración, ni una perdida de tiempo. Pues el tiempo es oro, oro para la clase burguesa y condena para la obrera. Esta comida rápida, esta comida insana lleva a una obesidad que se desea eliminar. Bien, por una sociedad patriarcal que es gordofóbica, bien por posibles problemas de salud, lo que lleva a la creación de establecimientos y productos dieteticos y engañosos. El negocio de los gimnasios y el aislamiento de la clase obrera en cuartos como ratones dando vueltas en las jaulas. 

Señalo como broche final que el tema se ha generalizado e incluso exagerado, dado que generalizar conlleva a exagerar, para señalar y explicar este tema, que algunos y algunas no son capaces de relacionar. Un saludo.

  


La cuestión nacional.

Escrito por ElBlogDeMercury 06-06-2014 en Aportacionpersonal. Comentarios (0)

La cuestión nacional en el Estado Español ha estado relegada hasta hace poco hacia las dos voces, que casualmente, tienen una burguesía no-españolista que busca unos intereses independentistas de sus naciones no reconocidas. Esto es, Euskal Herria y Catalunya. Los análisis marxistas sobre la cuestión nacional en el Estado Español se han dado por aplicados. Se repite constantemente que la España es una nación y que hay que luchar por una república popular/socialista española. Podemos entender estas posturas de quienes no están dentro del movimiento obrero más allá que de un gran sentimiento, siendo calado más con el pasado republicano o la resistencia al fascismo español durante la época de Franco. A día de hoy, también se piensa que la república española es la respuesta a la burguesía y el capitalismo en el Estado Español, cuando no es así. Pues una república tiene la posibilidad de muchos matices que no vamos a tratar aquí. 

Debemos empezar diciendo que España no es una nación, sino una nación artificial sustentada en un Estado que tiene brazos articulados oprimiendo a los distintos pueblos que conforman el Estado Español. El término de nación es un término burgués que se forma cuando entra el modo de producción capitalista. Para conformar la nación artificial española, lo primero es tergiversar la Historia. Es por ella que se habla de "re-conquista" de Al-Andalus, cuando los reinos del norte de actual Estado Español no tenían ningún sentimiento nacional ni romanticista de "reconquista". Todo lo contrario, los reinos buscaban conquistar Al-Andalus para implantar sus poderes, no para justificar a día de hoy la nación artificial de España. Inclusive la época de la invasión francesa lo primero que se busca como resistencia es "España" como nación artificial frente al enemigo francés, que se hace común. Por tanto, la Historia y el sentimiento nacional es lo primero que se implanta. Posteriormente, lo que se busca es la anexión de las culturas de los distintos pueblos bajo la nación artificial española. Por ello, retomando la cuestión histórica, en la "Historia de España", Al-Andalus e incluso el Imperio Romano ya forman parte de la Historia artificial de España. Ni siquiera en época medieval existía la concepción nacional española, que como digo, fue introducida con la entrada del modo de producción capitalista y su ideología burguesa. Retomando el tema cultural, a día de hoy, la nación española se ha conformado culturalmente bajo la opresión de los distintos pueblos. Como andaluz puedo decir que todo lo andaluz ya es español. Ya sea su cultura en los distintos ámbitos, es decir, folclore, gastronomía, autores, artistas, etc, etc. "Todo lo bueno que aporta Andalucía es español, pero todo lo malo que aporta Andalucía es andaluz". Partiendo de esa frase, sacamos la conclusión de que hay una necesidad de acabar con todo aquello que no sea una cuestión española. Por ello el idioma como el catalán fue perseguido, el euskera o el propio galego que a día de hoy está siendo borrado a la fuerza. Pero lo más importante a destacar es que las clases reaccionarias y su superestructura (religión, moral, ciencia, filosofía, arte, Derecho, instituciones políticas...)  se sustentan también bajo "España". No es casual que la burguesía que dio un golpe de Estado en 1936 sea la misma que hoy mantiene sus intereses bajo la denominación de España a la fuerza. Como España se sustenta de Estado, debemos añadir también la cuestión represiva en cuanto a los levantamientos de los distintos pueblos. Ya sea la lucha contra el movimiento nacional en el siglo XX en Catalunya o los movimientos cantonales en la primera república española.

Debemos tener claro que el Estado Español y España por tanto pertenecen a una burguesía que ha perpetuado estos términos a base de represión. Incluso la Segunda República se mantuvo bajo los intereses de una burguesía reaccionaria, la misma que reflejaba su Gobierno, que hasta el Frente Popular estuvo inestable, con miedo por el crecimiento del movimiento obrero, y con la creación de éste, estalla en la necesidad de llamar al fascismo para mantener sus intereses a día de hoy. Podemos recordar el caso de Casas Viejas de Cádiz. No se puede hablar de una república popular hasta incluso al comienzo de la propia guerra civil, que es el reflejo de la lucha de clases.  Como digo, el enarbolar hoy día la bandera republica española puede significar muchas cosas, pero principalmente significa que hay un sentimiento mayoritario de izquierdas tras esta. Esto es propio de lo que he mencionado, de la necesidad de una resistencia popular a una burguesía implantada y asentada que a día de hoy vuelve a temer por su estatus. 


La cuestión nacional española, por tanto, se ha dado por sentada como una realidad y esto se reflejan en los partidos que se autodenominan comunistas y que pretenden liberar a los pueblos bajo el poder del Estado Español dando la autodeterminación. La autodeterminación solo puede implicar la destrucción de España y su Estado indudablemente, pues la nación española no existe y delimitar qué es España o no es una contradicción. Los pueblos oprimidos deben luchar por sí y por los demás bajo la bandera del internacionalismo, y luchar por sí significa liberarse así mismos del Capitalismo y de España. España como nación artificial que es, no puede dar reconocimiento de naciones sin destruirse así mismas. Y recuerdo que la bandera republicana implica una significación española, aunque muchos quieran alejarla de ello, esto es así. La cuestión nacional, como marxistas-leninistas que somos, no puede ser olvidada y no puede ser sustituida por un sentimiento, sino por un análisis actual de España como nación. 

España no es una nación, es un Estado que oprime a los distintos pueblos bajo una burguesía a la que interesa mantener su estatus.. Cuando el poder popular consiga destruir las cadenas de esta burguesía, no tenemos que olvidar que también hay más cadenas a parte de las de clase, como son las de nación o la de la lucha contra el patriarcado. No podemos mantener una lucha a medias, sino una lucha completa. Esto implica la liberación de la clase obrera, de la nación oprimida y de la mujer. Y no debemos olvidar tampoco que la liberación de cada nación y de su clase obrera la hace un partido comunista de vanguardia. No podemos liberar una nación oprimida apoyándonos en un partido comunista que defiende a la nación artificial y opresora de España. Es tan absurdo como que la liberación de Escocia la ocupara un partido comunista inglés. En el movimiento obrero, el españolismo se ha colado y se ha asentado, desgraciadamente. Algunos se olvidan del marxismo-leninismo para atacar cualquier movimiento de liberación nacional bajo el argumento del chovinismo o incluso afirmado que todo movimiento nacionalista ajeno al español es propiamente nacionalista, rebajando el nivel a UPyD o la Falange con la unidad de España. Una unidad obligada, por cierto, no libremente designada por sus pueblos. Por ello es que a medida que avanza el tiempo, las contradicciones de la nación española salen a la luz y crecen, pues, los movimientos nacionales que antes habían sido solo relegadas a Catalunya y Euskal Herria, hoy toman fuerza el canario, el andaluz, el castellano, el asturiano, el gallego o inclusive el de los Països Catalans. La burguesía española tiene dos pilares fundamentales: La unidad de España y la propiedad privada. Cualquier ataque a una de estas dos supone la fortificación de esta burguesía. El nacionalismo español se mete en vena a todas horas, ya sea por la televisión, por las lecturas, por sus banderas, por sus deportes o incluso por la denominación del castellano como español. 

Nuestra labor como marxistas-leninistas es aclarar la cuestión nacional de España, que es peculiar y que requiere de un buen análisis. No cayendo en argumentos acientificos y antidialécticos. La lucha por la clase obrera en el Estado Español va ligada indudablemente de la lucha por la liberación nacional, que no es España precisamente, sino los pueblos oprimidos abanderando la bandera del internacionalismo, trabajando conjuntamente para acabar con la burguesía, el Estado Español, el Capitalismo y el Patriarcado. 


Pero también, como marxistas-leninistas, somos conscientes de que la liberación nacional es alejada y hoy día se aclama la bandera de la república por su significado histórico, pero no científico. Por ello mismo hay que seguir escribiendo y analizando la cuestión nacional del Estado Español y no relegarlo solo a una cuestión de "la nación española, la nación vasca y la catalana". Admitiendo así, que todo lo que no es vasco o catalán, es español, un error que no nos podemos permitir. Como tampoco nos podemos permitir, como he mencionado, el error de pensar que defender España desde el marxismo-leninismo es compatible con la autodeterminación de los pueblos. Pues Castilla tampoco es España, como quieren hacer algunos. 

Para acabar, recojo el hecho anecdótico de argumentar que quienes murieron bajo el fascismo en la Guerra Civil eran todos republicanos españoles. Esto no es cierto, pues muchos independentistas vascos, gallegos, catalanes, o incluso el Batallón Canario, que fue de los últimos en la resistencia de Madrid, independentistas también, lucharon con sus vidas contra esta burguesía que se sustentaba bajo la Unidad de España para que algún día, estos pueblos, con un poder popular, pudiesen decidir sus futuros. 

Salú y Revolución. 

¡Por la confederación de repúblicas ibéricas! 

Gruesolandia.

Escrito por ElBlogDeMercury 04-06-2014 en Aportacionpersonal. Comentarios (0)

Gruesolandia

I

Gruesolandia era un pueblo apacible, un pueblo que nacía en una colina y acababa dando al

mar, rodeado de casas anchas, con jardines, balcones y de colores blanquecinos generalmente,

como muchos pueblos de Andalucía. No existían los rascacielos, ni la contaminación, dado que

era un lugar tan bello y tan acogedor, que sus habitantes preferían ir paseando a sus lugares

de trabajo, ocio o estudio. El mejor momento de Gruesolandia era cuando se colaban los rayos

de sol por las ventanas de las viviendas. Tampoco existían los horarios, por lo que cuando la

luz del sol acariciaba las mejillas de sus habitantes, estos se levantaban, decidían y

planificaban su nuevo día. Para trabajar tampoco había un horario fijado, por lo que sus

habitantes podían cumplir sus horas de trabajo marcadas a intervalos en el día, ya fuese por

la noche, por la mañana o por la tarde. Como he mencionado, Gruesolandia era un lugar

apacible. Tampoco había alcalde, dado que no les hacía falta, ni siquiera policía, porque era

un lugar tan seguro, que el hecho de cometer un delito te conllevaba a un rechazo social cuyo

remedio era el exilio. Gruesolandia era un pueblo desconocido, escondido entre una montaña

y el mar, alejado de la tecnología, pero alejado también de la ignorancia, pues era difícil aquel

ciudadano o ciudadana que no tuviese estudios universitarios. Precisamente fueron sus

conocimientos los que les llevaron a decidir alejarse de cualquier tipo de evolución

tecnológica. En vez de ver la televisión, leían, en vez de quedarse sentados/as en un sofá

esperando pasar el tiempo, se iban a caminar, a correr, por la colina o por la playa de arena

fina. Pero si había algo que caracterizaba y daba sentido al nombre del pueblo era la total

libertad sin tapujos ni complejos de sus habitantes por el amor hacia la comida. Algunos

ancianos y ancianas de las afueras siempre recordaban: “hay que comer para vivir, no vivir

para comer”. El lema en Gruesolandia era totalmente al contrario. La falta y deseo de no

contacto hizo eliminar paulatinamente la concepción patriarcal y estética de los cuerpos

humanos. En el pueblo había muchos y muchas obesas, pero también delgaduchos/as,

deportistas, no deportistas, altos/as, bajos/as, rubios/as, morenas/os, con pelo, sin pelo... en

resumidas cuentas, Gruesolandia tenía a unos y unas habitantes que cuando se miraban en el

espejo, el único adjetivo que se atribuían era el de “felices”.

Desde por la mañana comían todo tipo de alimentos. Desde un zumo de naranja a un batido

de chocolate a una tostada saludable como insana, daba igual, nadie se preocupaba por su

peso. Nadie reprochaba el estado saludable de otra persona por el número marcado en su

báscula. No habiendo ataduras laborales ni estéticas, la gente vestía como le viniese en gana.

Disfrutaban del sexo donde quisiesen, con quienes quisiesen. No existía ni la heterosexualidad

ni la homosexualidad, ni la pansexualidad, ni nada terminado en “sexualidad”, solo sexo. La

mujer no era esclava de su cocina ni del cuidado de sus hijos, pues el hombre también

trabajaba en conjunto con ellas. Decir que no había patriarcado sería un insulto a todas las

mujeres que lo padecen, pero sí había un gran interés social por acabar con él. El capitalismo

tampoco era una realidad. Era un pueblo que se autogestionaba. El único capitalismo del que

pecaban era el de mercado exterior con otros pueblos o ciudades del que dependían para la

importación de alimentos o materiales. La educación no se basaba en jerarquías, ni en

exámenes, sino en asambleas, trabajo conjunto y continuo por el aprendizaje. Los niños no

sufrían agresiones de sus compañeros ni compañeras, dado que nadie se juzgaba por la

imagen que reflejara su espejo. ¡Qué bonito y feliz pueblo era Gruesolandia! Era el sueño de

muchos utópicos y soñadoras.

II

En Gruesolandia, las viviendas solo servían para dormir, toda la vida diaria se desarrollaba

en las calles. Por la mañana bajaban a desayunar a un bar, al mediodía a un restaurante y por

la noche solían comer comida rápida. Entre comida y comida, como he mencionado,

disfrutaban de sus bellos paisajes, paseando, charlando, sentados y sentadas en sus bancos,

haciendo senderismo por la colina, con sus bicicletas o haciendo trabajos voluntarios. Dado

que nunca estaban en casa, el dinero que debían aportar para sus facturas telefónicas, de luz y

agua iban a parar a sus vientres con ricos y abundantes calorías. ¡Ah! Y sí, no había

propiedad privada. Todos los locales estaban al servicio del pueblo, no había dueños o dueñas,

solo trabajadores y trabajadoras, que se repartían el salario con lo obtenido cada mes. En su

pequeña fábrica textil pasaba lo mismo, así como en el puerto de pesca.

A veces, los radicales conservadores iban a atacar a los habitantes por las noches, haciendo

pintadas, rompiendo todo lo que se encontrasen a su camino. Por ello se había creado un

grupo voluntario de seguridad. No les gustaba la confrontación, pero cuando tenían que

cometerla, la hacían de la forma más cruel posible. Llegaron incluso matar a sus enemigos.

Pero a nadie le importaba. Para ellos, esa gente extranjera y radical que querían al ser

humano encuadrado en una lista de requisitos absurdos, no eran más que escombros que tirar

al mar. Y a veces se lamentaban de tirar los muertos al mar, pues el mar no tenía la

culpabilidad para recibir a esos escombros articulados. La complicidad de todo el pueblo

impedía a la policía resolver sus casos.

En los carteles de publicidad de todo el pueblo se podía observar a gente sonriendo con un

plato de comida o disfrutando del ocio. No había mujeres modelos y semidesnudas como en los

demás lugares, ni tampoco hombres musculados y remojados para lucir cuerpo ante la

sociedad patriarcal. Es por ello, que cada mes, el pueblo iba agrandándose para recibir a

nuevos y nuevas habitantes. De las cuales muchas solían ser mujeres obesas. En las asambleas

semanales que se hacían en el pueblo para tratar los distintos asuntos, los y las nuevas

habitantes debían contar el porqué de su decisión de vivir en Gruesolandia. Allí, que había un

hombre ataviado con sombrero de copa y un frac, que además de sociólogo, apuntaba los

actas, había hecho un estudio estadístico con los resultados donde se hallaban las respuestas

más comunes de sus nuevos y nuevas vecinas. Ser obeso en el sistema patriarcal era una

desgracia, pero más si eras mujer y obesa. Señalo la obesidad, pues era el motivo con más alto

porcentaje para venir a Gruesolandia. También venía gente sin problemas en Gruesolandia,

pero que fuera del pueblo parecían ser desagradables. Ser bajo/a, ser muy alto/a, tener poco

pecho, tener mucho pecho, tener un trasero pequeño, un trasero grueso, tener estrías, celulitis,

arrugas, calvicie, estar obeso, estar delgado...etc. El sociologo, que había nacido y crecido en el

pueblo, le costaba creer todas estas barbaridades que solo las había observado en libros. Es

por ello que un día decidió conocer mundo, aunque lamentablemente, estando fuera, una

depresión lo llevó a la tumba.

III

A veces, en los tablones de publicidad e información por todas las calles, la gente se reunía

agitada observando imágenes de otros lugares. Niños con trastornos de ansiedad por acosos,

por presión estudiantil. Hombres y mujeres de avanzada edad trabajando, trabajadores y

trabajadoras con cara de cansancio e insatisfacción. Gente desahuciada de sus viviendas, sin

comida, sin ropa, sin trabajo. Aquello hacía llorar a quienes lo observaban. Unos lloraban,

otros reían señalando lo absurdo que eso sería si fuese verdad, y quienes habían vivido en esas

condiciones por ser en un primer extranjeros o extranjeras, tenían que afirmar que eso era

cierto. Nadie llegaba a un acuerdo y todos seguían su camino, su vida. Un día, mientras la

juventud disfrutaba en la plaza cantando, bailando, pasó un vehículo, algo inaudito en

Gruesolandia, pues el transporte se basaba en los propios pies o en bicicletas. Era un vehículo

blanco con unas letras escritas en los laterales de distintos colores y un aparato negro y

alargado que sobresalía. Todo apuntaba a ser una cámara. “¿Qué hacía una vehículo

fotografiando al pueblo?” Se preguntaban. A decir verdad, Gruesolandia era una leyenda

urbana, nadie afirmaba realmente su existencia. Solo la gente con deseo y fe se arriesgaban a

encontrarse con una realidad falsa. Pero no era así, Gruesolandia existía. Los ancianos del

lugar contaban a menudo que Gruesolandia era tan desconocido en el exterior, que cuando

alguien nuevo habitaba el pueblo, su familia o conocidos reales del exterior, recibían una carta

de la Policía alegando su muerte en dicha travesía.

Los y las lectoras se estarán preguntando cómo es posible que con tan malos hábito

alimenticios, con esos problemas de obesidad, que en Gruesolandia no se podía tildar de tal

manera, podían vivir hasta larga edad sin problemas de corazón, ni diabetes. El pueblo, que

era autogestionado, invirtió en un pasado una gran cantidad de dinero que hizo casi arruinar

a sus habitantes con el objetivo de obtener medicaciones que solucionaran los posibles

problemas de salud. Al no haber una empresa interesada en la comercialización de dichos

medicamentos, no había especulación ni conspiración, por lo que la medicación salió adelante.

Con tan solo una capsula, todos tus posibles problemas desaparecían. Incluso experimentaban

con la genética para evitar usar la medicación y dar una vida longeva a todos y todas sus

habitantes. Los únicos problemas en Gruesolandia eran los problemas de salud, dado que

pudiendo haber sacado una medicación para crear modelos estéticos que en el patriarcado son

llamados “normales”, en el pueblo decidieron seguir disfrutando de sus michelines y de sus no

problemas estéticos. Ningún niño quería ser como nadie de mayor, ni ninguna adolescente se

planteaba el operarse estéticamente para gustar. Pues el patriarcado no afectaba allí tanto.

Los niños eran vestidos como niñas, las niñas como niños, todo en una labor de romper con los

géneros. ¡Qué bonita era Gruesolandia!

IV

Un día, en el transcurso normal de los días, empezaron a llegar personas con mochilas,

fotografiando todo cuanto quisiera. Al mes siguiente, llegaban las televisiones para entrevistar

a sus habitantes. Llegaron helicopteros, regalos de todo el mundo. Aquellos jóvenes de la plaza

vieron a un vehículo que fotografiaba a Gruesolandia para introducirlo en una base de datos

y poder acceder a ella a través de una plataforma llamada “Internet”, que todos y todas

conocían, pero que les era innecesario. Toda esta ruptura de la monotonía paradisíaca de

Gruesolandia empezó a cambiar a sus habitantes. Llegaban visitantes pidiendo asilo temporal,

por lo que el pueblo, en una de sus reuniones, tuvo que aceptar la oferta de un hombre con

corbata para crear un hotel que ya no estaba al servicio del pueblo, sino de este señor.

Además, en el nuevo hotel, los horarios debían seguirse a rajatabla. Los sueldos eran

mediocres. La gente comenzaba a comprar despertadores. Ya no se les veía tan felices. A

medida que Gruesolandia salía de su leyenda, llegaba gente que deseaba implantarse a vivir.

Fue una demanda tan grande, que el pueblo tuvo que aceptar empresas privadas de

construcción y acabar con la propiedad pública para hacerla privada. Las farmacias ahora

pasaban a ser privadas, en los colegios comenzaban a darse temas religiosos y que pertenecían

a grupos eclesiásticos que dividían a los niños y niñas, enfrentándoles entre sí. Los niños ya

debían vestir con uniforme y las chicas con faldas. Entonces, todos los locales del pueblo

pasaron a ser privados, por lo que los trabajadores vivían explotados. “Trabajar para vivir”

ya no era un hecho. Ahora se vivía para trabajar. Llegaba una juventud extranjera con

tecnología, por lo que los jóvenes, adoctrinados por sus instituciones educacionales, se veían

necesitados de objetos innecesarios como ordenadores. Llegó Internet, de forma privada

también. Se nombró a un alcalde que era corrupto. A una policía que solo provocaban gastos.

Había robos y asesinatos. Llegaron las modas, y ahora quienes siempre habían sido felices con

sus cuerpos, debían adelgazar, debían ir al gimnasio, también privado, que privaba de las

vistas del querido pueblo, que ahora estaba lleno de contaminación. Los casos fueron resueltos

y todos/as miembros voluntarios de seguridad de antaño, ahora pasaban a ser presos. La

fábrica textil se había convertido en una cárcel. Los carteles de todo el pueblo comenzaron a

llenarse de propaganda política, de objetos tecnologicos innecesarios, de cosméticos para tener

un cuerpo ideal según el patriarcado. Los niños querían ser como los hombres musculados de

los carteles y las niñas querían operarse incluso antes de que les saliese cualquier tipo de

pecho para parecerse a unas señoras que salían en televisión dando gritos y hablando de los y

las demás. La gente entraba en depresión y moría, para ello no había medicación. El

cementerio crecía cada día. Los hombres ya no colaboraban con sus mujeres, ni tampoco

había parejas de distintos géneros. Los géneros habían vuelto, todo se sustentaba bajo una

sociedad heteropatriacal. Las mujeres paseaban de noche asustadas por posibles acosadores y

violadores. En las tiendas de ropa dejaron de comercializarse tallas grandes, ahora, las tallas

grandes eran del grosor del tobillo de un niño pequeño. Las facturas económicas engordaban

y sus habitantes se veían obligados a hipotecar sus casas, que no podían pagar por sus bajos

salarios y acababan viviendo en la calle. Tan solo pasaron cinco años de todo esto, desde que la

juventud disfrutaba de Gruesolandia y vieron ese demonio metalizado. Ahora el 90% de la

población era asalariada de un 10% que tenían los medios de producción. Algunos lloraban al

recordarse riéndose de las noticias que venían del extranjero y que creían que era un cuento,

una leyenda, algo totalmente falso y absurdo. Nadie era feliz. El ser humano pasó a segundo

plano para ser invadido por el deseo consumista de los objetos. Antes, en Gruesolandia, todo

el mundo podía tener estudios, ya solo el 5% se lo podía permitir. La ignorancia invadía el

pueblo, que era aprovechado por ese 10% de la población y por sus políticos. Empezaron a

quitar los espejos de casa para poner carteles con sus famosos preferidos. Solo con el deseo de

parecerse a ellos, físicamente, dado que intelectualmente, sus ídolos aportaban más bien poco.

El deporte, que antes se hacía por ocio, ahora se hacía como arma de distracción de la

realidad por un sector a quienes les interesaba esclavizar a los habitantes de Gruesolandia. El

pueblo ya no era bello, pues todo era artificial, sucio, oscuro, descuidado, ajetreado. Atascos

invadían al pueblo, nadie salía a disfrutar porque no tenían dinero para ello. Quienes antes no

tenían problemas en Gruesolandia, ahora eran objetos de burlas y miradas de los y las demás.

Gruesolandia ya no era nada.

V

Todo esto es lo que me contó mi abuelo, antes de morir. Yo dudé toda mi vida si esto era

leyenda, fantasía, realidad o una estupidez de mi querido anciano. Lo único que tengo claro a

día de hoy es que Gruesolandia hubiese sido un buen lugar para morir y un bonito lugar por

el que luchar.